Más de Barry (en inglés). Háganse un favor y pongan este disco en su estéreo/PC/reproductor MP3. Sus oídos se los agradecerán.

Más de Barry (en inglés). Háganse un favor y pongan este disco en su estéreo/PC/reproductor MP3. Sus oídos se los agradecerán.

Después de oír la experiencia de un buen amigo mío en ese antro de enajenación llamado Expo Cosplay no puedo sino sentir aún más desprecio por este sistema de cosas actual. A pesar de que trata de matizar su jornada del sábado con humor y nostalgia, entiendo perfectamente de lo que se trata todo esto: el lucro a costa de la enajenación. Antes que nada, no quiero decir que el todo el trabajo de los creadores japoneses persiga ese fin. En el mundo del capital es común que los artistas tengan que ceder a ciertas presiones para que su obra pueda exhibirse. De hecho, algunos ni siquiera hacen esto y se dedican a crear sin concesiones, siendo esas obras ejemplos magníficos de un modo de ver el mundo totalmente diferente al del mundo occidental. Empero, la gran mayoría de los productos salidos de esas salas de animación y restiradores son basura mental, y con tristeza soy testigo de la rentabilidad de producirla.
Un “otaku” es básicamente un coleccionista. Dedica la mayor parte de su tiempo libre en adquirir bienes materiales a cualquier costo: desde recuerdos como llaveros o calcomanías hasta costosas figuras o colecciones completas de discos. Su status frente a los demás compañeros de afición se basa en la cantidad de cosas que posea. Si no tiene muchos recursos económicos tratará de entrar al círculo de los que sí adquiriendo un conocimiento exhaustivo en la materia, rayando en lo enciclopédico. Éste lo obtiene bien leyendo sobre el tema, a través de amigos o adquiriendo reproducciones “ilegales”.
El hecho de adquirir prestigio a través de cosas materiales es una constante de las sociedades de consumo, tanto más en este ámbito social, y es deleznable. Además de que el esfuerzo de conocer de memoria los pormenores de una serie famosa que posiblemente haya sido alargada por las presiones de inversionistas no se traduce en un mejoramiento de la persona, y sólo responde a un deseo de no quedarse atrás en la carrera del progreso. Un sentimiento mecánico, por absurdo y contradictorio que parezca.
En el otaku se da un fenómeno que se repite a lo largo y ancho de la civilización: la destrucción del espíritu humano por complacer a una estructura mercantilista. En los primeros tiempos del libre mercado, los comerciantes se conformaban con lucrar con productos. En estos tiempos se comercia con ideas, se intercambian sensaciones y en cualquier esquina se puede adquirir un sucedáneo de “alma”. El mundo organizado se ha encargado de separar a las personas y de quitarles la capacidad de reflexión para inocular en ellas sustitutos artificiales, acordes a sus intereses, y claro, con un precio. Los otakus son diferentes a otras personas sólo en que fueron capaces de encontrar un lugar al cual pertenecer a través de estas creaciones traídas de Oriente. Llenaron parte de su vacío mental (hay que aceptarlo, todos nosotros tenemos una capacidad mental que necesitamos usar, no sólo porque es útil, es nuestra naturaleza) con historias de héroes legendarios, escenarios post-apocalípticos y galimatías tipográficos. Son parte de la misma audiencia pasiva de siempre, aunque algo más “sofisticada” y “exótica”, adjetivos que bien pueden explicar el éxito de esta corriente de consumo. Los casos de enajenación extrema (como los “cosplayers”) que tanto divierten al vulgo que gusta del espectáculo sensacionalista son fáciles de explicar cuando se toma en cuenta de que este estilo de vida es una creación artificial. Evidentemente son resultado de la extrema debilidad psíquica de personas atrapadas sin remedio en esta espiral de capitalismo voraz. Son los desechos de la sociedad basada en el materialismo: la persona convertida en un objeto, el triunfo de la mercadotecnia. Son ejemplos de lo que puede aguardarnos en un futuro: la humanidad como una masa informe de seres solitarios unidos sólo por símbolos y relaciones comerciales, que necesitarán ruidos estridentes o una luz brillante para evitar la muerte cerebral.
“Me disculpo por las últimas líneas”, me dijo Rufus terminó de hablar. Dijo haber pasado una semana demasiado aletargada mentalmente: “Creo que he pasado demasiado tiempo en América”.
“¿Un consejo algo más aterrizado?” pregunté.
“No todo lo bueno del mundo viene de Japón, ni todo lo que viene de Japón es bueno. Nunca comería pez globo, por ejemplo”.

Por estos lares, desde hace cuatro años, vienen celebrándose expos de cosplayers, que logran juntar en un solo sitio a toda la otakés de Mazatlán, sobre todo para presenciar la pasarela del cosplay, que son como la crema y nata de la frikada. Fui con la intención de aprovisionarme de fotos y hacer un superpost sobre el absurdo y la enajenación, sobre como esta masa de gente sin nada mejor que hacer va a este tipo de eventos con el fin de aprovisionarse de mercancía y encontrarse con aquellos que comparten el anime – manga como interés y Japón en general como fetiche (solo los clavados), pero, después de pedirle con toda la cortesía del mundo a un cosplayer si me regalaba una foto y que éste no sólo aceptara, sino que pone su mejor pose, me di cuenta que simplemente no podía. Mis amigos me dijeron que era porque estaba allí entre ellos, y en ese momento no podía, pero después (por ejemplo hoy), cuando saliera de ese nido de ñoñéz, le encontraría el WTF al asunto y me inspiraría. Pero es hora de que eso no pasa. El otaku que enterré dentro de mí, que yace roto y desperdigado en mil pedazos, pero sobre todo mi sentido de empatía, me lo impiden. El Pepe Grillo que me habla al oído y me dice que queme las cosas también me aclara que ellos también son personas, personas que disfrutan lo que hacen de una forma que jamás podré comprender, partícipes de un sentimiento de grupo que nunca podré experimentar, tan fuerte que es capaz de hacer sentir raro a alguien completamente normal. Y todavía sigo en shock por lo que me dijo mi tía cuando vio las fotos de todos los disfrazados y maquillados: “Hubieras ido vestido tú también” Si mi tía ve con buenos ojos algo, no debe ser algo tan malo.
Por suerte para ustedes, que buscan reírse un rato con las fotos del Supremo Kaiosama y el cast de Naruto, habrá oportunidad de ello. Bueno, en realidad no, porque prometí a una amiga que no iba a subirlas, y entendí que debía aplicar el mismo criterio para todos. Además, Mazatlán es un lugar pequeño, y aunque es costumbre añeja que solo las mismas tres personas lean mis desvaríos, basta una sola voz que denuncie un ultraje hacia tan sano pasatiempo como para que me sea imposible volver a poner un pie en un lugar público, so pena de ser considerado la escoria de la escoria: un friki troll. El problema es que siento quiero y odio a la vez al anime y por extensión a todo lo que se relacione con él. Siento cariño por aquella parte de mi vida, mas me alegro de no haber caído en el pozo del ser otaku. Este fue el post del cariño. El filósofo flaidgrodiano ultra-reaccionario Rufus Lepzdermann se encargará del odio, y es por eso que dejo el tema por hoy. Si quieren de verdad oír lo que tiene que decir, sólo háganlo saber. Si no, pues no hay problema: El camarada Lepzdermann hará su aparición triunfal en otra ocasión, y les pasaré un link a Flickr con todas las fotos. Por su atención gracias.

- ¡Hey, ven! – dice el tipo agitando un paño blanco – ¿A dónde vas? ¿A dónde vas? ¡Hey!
- ¿Qué? ¿Qué? – digo con un gesto estilo “habla más fuerte” + “qué raro” + “ya deja de estar jorobando”, cuando alcanzo a entender lo que dice – A la escuela.
Estaba cerca de retirarme del área en la que podía escucharlo, pero entonces me dice: “¡Ven!” con un tono que malinterpreto como “ocupo ayuda”, y pues como Mazatlán es una ciudad turística me presto a auxiliar al visitante. Sigue el siguiente diálogo:
- ¿Qué onda? – dice el extraño.
- Hola – respondo algo extrañado, pues me saluda como si me conociera de toda la vida.
- ¿Vamos a dar una vuelta? – En este momento, miré fijamente a este ser. Sus ojos me decían que me conocía, o que quería que lo creyera. O simplemente que me sintiera en confianza. A ver: un auto rojo, con música alta, un extraño y este extraño parpadeo rojo junto con el congelamiento de la escena me hizo saber que estaba en un caso de peligro estilo Chabelo, y como él me enseñó en mi niñez, tenía que alejarme y contárselo a un adulto.
- No, es que voy a la escuela – digo tratando de controlarme.
- Ándale, vamos a dar la vuelta y luego a la escuela.
Obviamente algo andaba mal, no se necesita ser muy inteligente para descubrirlo. En ese momento me interesaba un comino sus motivos para meterme a su auto. Sólo me interesaba salir de allí.
- No, es que ya está cerca.
- Ándale, vamos.
- No, es que tengo que ir… (cacofonías) – Hago maniobras evasivas mientras el tipo se queda cerca en donde está, con el pañuelo en la mano. Luego me largo de allí con el mismo paso con el que llegué, miro hacia atrás, y el extraño se me queda viendo un segundo para después seguir tallando su auto.
Seguí mi camino tratando de encontrar explicación a este incidente. ¿Quién era el extraño? ¿Sería un trasnochado del domingo que se había quedado muy arriba, volando en el séptimo cielo y queriendo seguir la fiesta, increpó al primero que pasó? ¿Un asesino serial en busca de víctimas no muy astuto, tal vez en su primer killing spree, o un secuestrador exprés que creía que tenía dinero? ¿Un gay que me vio cara de open mind, tal vez también en su primer killing spree? ¿Una fantasía delirante provocada por la oscuridad de la madrugada y mis ganas de dormir? ¿O simplemente una persona que me vio en la calle, me conoció de algún lado y quería departir un rato, actualizarse y luego despedirse? Tuve en la punta de la lengua decirle “Es que no te conozco”, y pedirle que me refrescara la memoria, pero lo consideré peligroso, porque al preguntarle eso a una persona que va a secuestrarte o matarte, al verse ante la posibilidad de perder el elemento sorpresa, dejaría de ser tan gentil, y simplemente te encañonaría y te echaría en su asiento trasero. A mi favor tenía los corredores de madrugada y que ya era de día, pero decidí no arriesgarme. Aparte, empezó a hablarme después de que pasó una patrulla…
En todo caso, he seguido pasando por allí toda la semana y no lo he vuelto a ver, lo cual es buena señal, o mala, porque podría seguir asechándome, siguiéndome en su auto rojo, escondiéndose entre los estudiantes, interviniendo el teléfono y hurgando en mi basura. Si dejo de postear en mucho tiempo sin dar una explicación o sin despedirme, entonces habré desaparecido de este mundo, y seguro él tendrá la culpa. Entonces sabré que tuve razón en pensar mal. Pero no ha pasado nada, y me pregunto si no le hice una grosería a un amigo. Todo su semblante me decía que me conocía, o por lo menos, que intentaba crearme confianza, ya lo dije. El misterio del extraño del auto rojo me perseguirá por el resto de mi vida. Tal vez tengo una segunda oportunidad, o un amigo menos. Eso nunca lo sabré.


En estos momentos estoy escuchando el nuevo disco de Radiohead, “In Rainbows”, que bajé de manera 100% legal al registrarme en la página oficial y pagar lo que quise: 0 libras esterlinas. Eso me deja con un conflicto en mi pequeña cabeza. La premisa era pagar lo que se te diera la gana, casi como diciendo “lo que guste cooperar”, para bajar el disco, no importaba si fuera un peso o doscientos, porque de todas maneras lo ibas a tener. Yo fui muy feliz cuando leí esto, pero obviamente, para hacer una transacción de esa naturaleza necesitas un plástico y cuenta en el banco, o sea, tarjeta de crédito. Al no tener, pues le puse 0 y me salté ese paso, y como lo prometieron, en este momento estoy oyendo el disco. Pero aún sin tener nada que temer, porque poner 0 se valía, me siento culpable, y lo único que va a poder lavarla va a ser comprar el disco cuando llegue en forma física a las tiendas. Si eso era lo que querían hacer, tuvieron éxito. Radiohead es mi 2° grupo favorito, y mi deber como fan es ese. Ahora, ¿por qué mejor no compro uno de los que me faltan para la colección? El disco es bueno, pero no es el mejor del mundo. Suena como si quisieran volver a tocar como un grupo “normal”, pero sin dejar de lado todo lo que han aprendido, y eso lo vuelve agradable, pero yo quiero algo ESPECTACULAR. ¿Qué más quería por un disco “gratis”? Consíganse Bodysnatchers y Jigsaw Falling Into Place.
2.- Cine incómodo
Soy un indeciso, y por eso cuando es momento de aprovechar el martes de a $15 del Blockbuster me tomo mi tiempo para escoger. El otro martes fue ESPECTACULAR, pero me tardé media hora en decidir. Esta vez me tardé menos, y por eso no quedé del todo satisfecho. Me decidí por Borat y La Verdad Incómoda (conocida como la película de Al Gore). Borat está muy chistosa, en especial la parte del rodeo en la que este ser dice apoyar la guerra de Irak y que espera que Bush beba la sangre de cada iraquí. También es una historia sobre un sueño: el de Borat de casarse con miss Pamela Anderson, y en última instancia, de hacer de Kazajstán un mejor país. Y qué mejor ejemplo de cómo vencer al oscurantismo que los EU y A. (“We are christians now!”).
La de la verdad incómoda… bueno, como nerd que soy, estoy siempre dispuesto a ver un documental. Me aburrió un poco por el hecho de que la mayor parte de la película es Al Gore dando su presentación sobre el calentamiento global, y la idea de un político comprometido con una buena causa me resulta incomprensible, pero parecía que creía en sus palabras, y que te hablaba con la verdad. Increíble que no haya ganado la presidencia de los States. Pero lo importante no es eso, sino que allá en Gringolandia un señor en el que los gringos confían les esté hablando de cosas del ambiente y de responsabilidad política, allá donde más contaminan, consumen y se dopan con mil series de televisión. El balance de las dos películas es bueno, pero no ESPECTACULAR. Si se quedan con ganas de más comedias “raras”, busquen a Dr. Strangelove, y si quieren ver más sobre el mundo capitalista que destruye todo lo que se pone a su paso, La Corporación. Por cierto, Al Gore acaba de ganar el premio Nobel de la paz.
3.- Se busca…
Restauración, película de época de 1995, no muy conocida. Si alguien la ha visto en forma física y tangible en algún lugar, favor de dejar un mensaje aquí. Esto con el fin de que mi hermano deje de molestarme con el asunto. Verán, la película es para él, bueno, para su maestra, y parece ser que no hay en DVD. Si alguien la encuentra y quiere hacer un trato con un servidor, tal vez me gane el Orange Box para 360, y él un punto para su calificación. La imagen es la portada de un DVD región uno, así que todavía tengo esperanzas.

Pero estas son cosas aburridas. Ahora lo que verdaderamente importa: el futuro. La única “sección” de la que puede presumir este blog es la de las predicciones al 2062, y hace mucho que no se veían. Hasta hoy. Démosle un aplauso a Criswell y a su buen tino.
“Saludos, amigo. Todos estamos interesados en el futuro, porque es allí donde usted y yo vamos a pasar el resto de nuestras vidas.”
Cierto, Criswell. El futuro, ah, si pudiéramos verlo. Pero que digo, si PODEMOS VERLO. No por nada tomé su curso, oh, maestro de lo desconocido e inexplicable. Es un honor tenerlo aquí. ¿Alguna cosa antes de empezar? Recuerde que el tiempo – médium es muy caro, y la llamada sale como si fuera a una estación a la Antártida.
“Y recuerde, que sucesos futuros como estos pueden afectarlo en el futuro”.
Em… bueno, comenzemos.
El derroche de recursos naturales durante el siglo XX y lo que va del XXI es lo que en última instancia convertirá este mundo en una sopa de anhídrido carbónico y plástico achicharrado. ¿Sabías que se usan 356 árboles para producir un cuaderno de cien hojas? ¿Y 567 para una caja de lápices? Ni hablemos del triste caso del tiburón, que sólo se captura por las aletas, tirándose al mar doscientos kilos de carne, suficientes para alimentar a toda la población de Somalia por dos segundos (porque a pesar de todo existen casi dieciocho millones de somalíes, y no creo que 0.01 gramos les alcancen para mucho). Simplemente, no hay mucho mercado para la carne de tiburón ni los árboles, y por eso se rematan.
Ahora está de moda el fin del petróleo. Como sabrán, el petróleo se va a terminar más temprano que tarde. ¿Qué va a pasar entonces, si la gasolina que respiramos y el plástico que consumimos día a día provienen de él? No todo está perdido, consumidor, algunos audaces y visionarios dentro y fuera de las empresas trabajan en soluciones eficientes y seguras para el ambiente:
En el 2062, los niños de países pobres serán mucho más baratos que el poco plástico fósil e incluso que la cerámica que ellos producen. De hecho, el hueso de un niño es altamente dúctil y resistente, además de ligero. Su composición orgánica proporciona un ambiente fresco para el equipo electrónico, tan indispensable en los días post-calentamiento global. Elegantes aparatos y muebles en “protomarfil” serán lo más chic, además de altamente redituables para la industria que los producirán. Partidarios de los derechos humanos, no se preocupen: las técnicas de clonación serán tan avanzadas que será innecesario cometer los horribles genocidios que seguramente ya habrán imaginado. Los clones vivirán en semicautividad, sin caer en la estúpida idea de darles cultura y lenguaje únicamente para hacerlos conscientes de su inevitable final, como en La Isla. En lugar de ello, tendrán una vida donde podrán dar rienda suelta a sus instintos y bestialidad, dando lugar a una existencia que muchos hippies envidiarían. ¿Y las computadoras? Los chips son de silicio, que está prácticamente en todas partes, así que estamos a salvo.
Con la mayoría de las fuentes de alimento ancestrales desaparecidas o incultivables, se pondrán de moda los alimentos sintéticos, reciclados, diseñados y/o submarinos. Los alimentos sintéticos son por lo general pastas y caldos nutritivos creados en grandes masa para la gente demasiado pobre para comprar reciclados, y demasiado humana para las granjas de protomarfil. Su consistencia pastosa y sabor dulzón los convierte en papilla para adultos, en su mayor parte compuesta por azúcares y almidones bacterianos de fácil absorción. Claro que para los que les suene insultante, pueden comer alimentos reciclados, siendo básicamente basura orgánica de procesos industriales o fluidos corporales depurados. Las empresas ya nos están entrenando: la mayoría de los productos con fibra parecen ser aserrín prensado con sabor avena.
Los alimentos diseñados son más difíciles de conseguir. Se cultivan en invernaderos en la superficie terrestre, siendo en su mayoría legumbres pequeñas, frutas y mamíferos pequeños. Su target mercadológico son las personas que viven en los pisos altos de los edificios, lo suficiente para poder ver la luz del sol sobre las nubes de hidrógeno y presumir de ello, y de que comen cosas que estuvieron vivas alguna vez. Los alimentos submarinos son lo más exclusivo. Después de casi cien años de propuestas archivadas por los grandes empresarios terrestres, colonias submarinas comienzan a poblar los mares y fosas abisales, convirtiendo en la explotación de algas marinas, moluscos y peces en el negocio de alimentos más redituable que existe. Una hamburguesa de carne de kelp es cotizada en la superficie en veinte dólares, y los moluscos son tan apreciados en Japón que el gobierno de dicho país defiende con su ejército las estaciones marinas.
El mundo del futuro está lleno de máquinas que son activadas mediante formas de energía de lo más diverso: Los autos se mueven con hidrógeno sucio y biodiesel. Las casas se calientan con electricidad proveniente del único lugar que recibe energía solar todo el año: la megacelda fotovoltaica del Sahara (Dicho sea de paso: hecha de silicio, hecha de arena), una estructura creada en el único periodo de paz que hubo inmediatamente de las guerras del óleo. Las estaciones submarinas funcionan con energía geotérmica y química. Pero hay cosas que no cambian. Cada seis meses, los sibaritas hedonistas de Occidente mandan hacer veinte millones de tarjetas de crédito, solamente para distinguirse de las personas que tienen que usar un omnichip para todas sus operaciones. Pues bien, ya que China se volvió una superpotencia y utiliza todos sus obreros para satisfacer a sus propios sibaritas hedonistas, y que en ciertos países la energía humana es más barata que la eléctrica, las tarjetas son esculpidas a mano. Sí, a mano. Fuera de los países ricos, toda la tecnología volvió a ser manual, únicamente usándose la electricidad para cosas muy prioritarias, como mantenimiento de hospitales o alumbrado navideño. Impresoras de espectaculares con cadenas tiradas por burros, drives de tarjetas perforadas y reglas de cálculo son la onda. Lo bueno es que ellos disfrutan algo que los capitalistas no pueden en sus contaminados entornos: La luz del sol.
FIN
***
Ahora, algo de música del futuro, para animar a los colonos submarinos: “Pyramid Song”, de Radiohead, aunque no creo que esta marcha fúnebre sea muy adecuada para ambientar a los aventureros que se van a sumergir mil o más metros para cosechar las algas de las élites, pero ayer estaba pensando que le va muy bien a BioShock, así que pónganle play y duerman. Criswell los guarde.

Película No. 1: Las Vidas De Los Otros
Ayer vi “Las vidas de los otros”. Si tienen buena memoria, recordarán que en los Óscares pasados ganó otra película y no El Laberinto del Fauno. Bien, esta es “esa” otra película. Obviamente me agradó por el tema: un espía de la STASI, la policía secreta de la República Democrática Alemana, o Alemania del Este (comunistas) se compenetra con sus espiados, y la película se convierte en una Lista De Schindler en muy chiquito. Me agradó la Berlín sombría de la Guerra Fría, la sensación del poder aplastante del aparato del Estado que casi se puede tocar, los archivos inmensos, la paranoia, el color gris – café, en fin, que tal pareciera que los socialistas hubieran querido que todo se volviera como una gran máquina – archivero. Es tan parecido a mi idea de lo que Flaigrod debe ser (hasta hablan alemán y usan puros aparatos analógicas y electromecánicas), que me da miedo darme cuenta de que fue real. Prácticas surreales como guardar pruebas de olor de cada interrogado, o inventariar las máquinas de escribir a fin de identificar a los autores de textos subversivos por el tipo de letra, o simplemente la privación del sueño eran usadas por el bien de la dictadura del proletariado. Claro que esto es una película. En verdad fue peor. ¿Se merecía el Oscar? Sí.
¿Y qué tiene que ver esto con las coincidencias? Dije que Flaigrod bien podría ser Alemania Oriental. Pues bien, un día como hoy, pero hace un año, este blog empezó. En 1990, este mismo día, el Flaigrod de verdad, Alemania Oriental, dejó de existir, al unirse con la otra Alemania para formar, bueno, Alemania. Ni mandado a hacer. Me acabo de enterar. ¿Querrá decir algo? A lo mejor que es inútil escribir sobre algo muerto antes de empezar. O quizás es una oportunidad, pues debe haber muchísimo material para inspirarse. Sí, eso debe ser. Uno nunca debe darse por vencido, como Ed Wood, cuya historia vi hoy en la película de Tim Burton. Los que tengan impulsos creativos y se sientan frustrados, deberían conocer su historia: un tipo que hacía pura basura, pero que nunca se dio por vencido. La película también está muy chistosa. Espero ver algún día Plan 9 From Outer Space, su obra maestra. Aunque está en Google Video, no puedo verla porque mi compu sigue mal y no se oye nada. Algún día será. Por si se animan:
Para que no digan que los mando a la brava, unos pedacitos: