Archivos de la categoría ‘en la opinion de...’

h1

o.O

Enero 22, 2008

They’re everywere!

Yo siempre he sido reacio a usar emoticones. Razones no me faltan: a veces cuando me mandaban uno el Messenger se trababa. Al igual que el “jajajajajajajajajaja” me parecen una estupidez inútil. Eso de poner caritas, monitos y demás gif’s se me hacen una costumbre surgida por la flojera de pensar correctamente. Yo estoy leyendo tus ideas, no me importa tu cara. Si me vas a decir algo, dímelo bien. Pero hoy descubrí que esas cositas molestas sí son útiles, y mi concepción sobre la etiqueta se desmoronó. En el mundo fugaz de internet, las letras y oraciones no se comportan igual que en el plano material, donde se estampan en libros para la posteridad, por lo que se deben escoger con cuidado, pues no queremos vernos atrapados entre mares de papeles vanos faltos de significado. En Internet, las palabras vuelan como en una conversación, y el texto solo no puede dar a veces los matices que uno busca. Y siendo una conversación un fluir de ideas que no se detiene, no nos podemos dar el lujo de orlar nuestros enunciados con florituras, alegorías, un hipérbaton aquí, una alegoría acá… todo ello en un instante. Debe haber geniecillos allá afuera que lo logren, y platicar con ellos debe ser una experiencia increíblemente satisfactoria (e increíblemente críptica) pero un mortal común como cualquiera de nosotros, que sólo quiere hacer una plática como si todos los demás usuarios estuvieran frente a frente, los emoticones son útiles. Es aquí donde mi moral se resquebraja. Cuando estoy usando el chat (qué viejo se oye “chat” en 2008), no me río, no uso ningún gesto. Para mí es como estar jugando ajedrez, al cambiar una risa por un comentario sarcástico o un no entiendo por, bueno, poner eso en palabras. Yo me divierto al quebrarme la cabeza así, pero el que está del otro lado probablemente piense que está hablando con un robot del que se espera pase la prueba de Turing. Ver línea tras línea tras línea de texto inexpresivo puede ser aburrido para alguien crecido en esta era sobreestimulada. No solo aburrido: también puede parecer frío, por más que deseé hacer parecer lo que escribo como salido de la pluma de Luis de Góngora. Me disculpo por ello. En lo sucesivo usaré el :D y algún otro siempre y cuando sea conveniente, porque una cosa es usarlos y otra muy diferente es abusar:


Si se usan en exceso, cualquier plática queda reducida a un combate jeroglífico, a una variante de comunicación por feromonas, o si les gusta, a una mutación ideográfica de Newspeak. Son un complemento, generación iPod, no un estándar. Eso sí, nunca usaré un “k?”. Sería degradarme demasiado. De por sí una parte de mí (lo que creía correcto) murió hoy.

*

¿Y qué canción sería buena? Cuando tenía fotolog (sí, tenía uno, aunque nunca salió una foto mía, se los juro) ponía una recomendación musical al final de cada anotación. Ahora les dejo una probadita de un grupo que encontré de casualidad. “Little Brother”, de Art Brut. Que no se me acuse de no hacerle caso a grupos de de menos de 15 años de antigüedad.

h1

“Espíritu navideño”

Diciembre 21, 2007
El centro de la navidad son los regalos. Antes de que se ponga a mandar mensajes de odio y trate de rastrearme a través de mi IP para matarme, déjeme hacer una distinción. Existe la “Navidad” y la “navidad”. La Navidad con mayúscula es la fiesta religiosa cristiana, mientras que la otra navidad es la de nosotros las personas. Dicho lo anterior, trate de corregir la frase con la que empezamos: el centro de la navidad son los regalos. Inténtelo, verá que es inútil. En el fondo de su corazón, aunque disfrute la compañía de las fiestas, la algarabía de las fiestas, la comida en las fiestas y las cosas que puede recordar después de una fiesta, existe ese instinto infantil que desea despertar el día de navidad y correr al árbol a abrir los regalos que aquél hombre de barba blanca y sus duendes del Polo Norte habían fabricado. Cuando se crece, uno se da cuenta de que Santa Claus no existe, de que los duendes podrían demandarlo por tenerlos en condiciones de esclavitud y que toda la celebración es una ilusión creada por los industriales victorianos para elevar sus ventas en una época en la que no se necesitaban ni juguetes ni adornos, pero de todas maneras se mantiene esa primitiva esperanza inconsciente, de la misma manera que se siguen creando automóviles que usan gasolina, con la primitiva esperanza inconsciente de que el petróleo jamás se acabará.

Ante esta verdad incuestionable, es totalmente incomprensible que corazones insensibles deseen satisfacer las inocentes esperanzas de incautos con un inservible juego de plumas o un incómodo suéter. La idea de que el detalle es lo que cuenta es sabia en el sentido de que un regalo, por pequeño que sea, es bueno, pero en ningún momento dice que un regalo pueda ser algo que de cualquier manera se tenía que comprar. Es una cachetada con guante blanco, como regalar una batidora a una señora en el día de las madres. Mucha gente comete este error al no ocurrírsele nada para regalar. Este post no tratará de reemplazar la obviedad de preguntarle al que se le va a regalar algo lo que le gusta, puesto que esa es la mejor manera de obtener información, sino que simplemente dará unas directivas sencillas para situaciones desesperadas (mayoritariamente intercambios de regalos a personas que le son desconocidas a uno, o compras de pánico):

1.- El regalo no debe ser utilitario
La regla de oro de la navidad es la superficialidad. Los japoneses lo han entendido muy bien, y celebran esta fecha aunque su cultura es mayoritariamente budista-sintoísta. Esta regla implica que no debe tratar de comprar cosas como ropa o enseres. El regalo navideño ideal es aquel que no sirve para nada en la vida cotidiana, sino que apela a instintos más básicos como la apreciación de la belleza por el placer que esto provoca, o las fantasías más aberrantes.

2.- El regalo debe perdurar
Si el detalle es lo que cuenta, lo menos que se desea es que se olvide. Un regalo eterno, que ocupe un lugar en la casa de un amigo o familiar, será siempre un tema de conversación, y una excusa para reprochar la comida que se tome del refrigerador sin permiso.

3.- El regalo debe apelar a los instintos básicos
Ya se dijo en el punto uno, pero es importante recalcarlo: el regalo debe apelar a los instintos básicos. Recuérdelo: instintos básicos. Cosas como el ansia de superioridad, el deseo carnal y el sentimentalismo deben ser tomados en cuenta a la hora de adquirir un bien o un servicio.

Comodín: El regalo no tiene que ser caro
Este post podría parecer una exaltación al consumismo, pero no es así. La idea de que más es mejor no es la adecuada al comprar un regalo en una ocasión desesperada, en parte porque, después de todo, es navidad y uno tiene que guardar dinero para sí mismo, y en parte porque cuando se llega a la ocasión desesperada ya no se tiene mucho dinero para gastar.

Ejemplo: Si usted va a regalar algo, y tiene que escoger entre un libro, un pantalón y una caja de chocolates, serán ordenados en la siguiente forma:

Chocolates < Pantalón < Libro

Los chocolates pueden parecer lo suficientemente superfluos, puesto que hay alimentos más eficientes, mas sólo apelan al instinto primario de la alimentación, que debe satisfacerse de todas maneras. En caso de guerra nuclear, de acaparamientos o una tarde de flojera, los chocolates serán consumidos de cualquier manera, y al terminarse, se esfumarán de la faz de la tierra, y con ellos el sentimiento de agradecimiento que pudieron haber causado. Unos pantalones son mucho mejor regalo que una caja de chocolates, pues no hay nada que estimule el sentimiento de superioridad ante la tribu que un pedazo de tela nuevo, fragante y lustroso que se pueda exhibir en público, más se corre el riesgo de ser ridiculizado por aferrarse a un objeto como ese, además de que es utilitario, lo cual viola el apartado 1, además de que un pantalón no dura décadas: a lo sumo uno o dos años, antes de convertirse en un artículo desgastado que pone en vergüenza a su portador y le hace sentir un horrible sentimiento de rabia hacia el que le regaló esta prenda tan obscenamente pasada de moda. El libro es un gran regalo: fundamentalmente superfluo, apunta a los deseos de autosuperación, los más elevados de cualquier persona. Un libro no tiene que ser caro, puede durar décadas acumulando polvo para nuestro beneficio (además de que puede tener una dedicatoria, útil en discusiones que involucren reproches), y lo más importante: no tiene que ser útil. Simplemente busque uno que tenga cosas de fantasía o que haya visto en alguna lista de los más vendidos. Evite los de superación personal: no son útiles en absoluto, pero dan esa impresión. Un libro para un adulto puede convertirse en lo que es un juguete para un niño: un modo de sentirse superior ante los otros niños, que es básicamente la función de los regalos de navidad. Para el que escribe, es el mejor regalo, aparte de un juguete de verdad. Si usted tiene una idea de un mejor regalo, por favor compártala, recordando las reglas:

1.- No debe ser utilitario
2.- Debe perdurar
3.- Apela a los instintos básicos
Comodín: no tiene que ser caro.

(Se solicitan ideas pronto: todos de seguro tenemos intercambios de regalos)

h1

Al diablo con Disney (I)

Noviembre 7, 2007

Como lo prometí en el anterior: trabajos finales = puras tonterías.

Yo nunca vi el Rey León cuando era niño. No fui cuando estaba en el cine, ni la vi cuando salió en video. Ni falta que me hizo. Cuando por fin pude romper con ese ciclo kármico (porque pienso que en una vida anterior fui una persona desobligada que ahora tiene que vivir toda reprimida si quiere limpiar su alma) y me senté a verla, me aburrí. Y no me sorprende. De hecho, la encuentro brutal y chocante desde un punto de vista ideológico.

El Serengeti vive una monarquía teocrática regida por el miedo, miedo a ser comido por Mufasa y el resto de la familia real. Nos pintan la existencia del príncipe Simba como una llena de lujos y comodidad. Su mismo nacimiento fue un ritual de culto al poder reinante. Rafiki es el símbolo de la religión de estado, delirante y anacrónica, que justifica al status quo, y llena la cabeza de la camada real con ínfulas de superioridad. Zazú bien puede ser la personificación del poder aplastante de un Estado que todo lo ve y todo lo sabe: él es un pájaro que vuela por toda la sabana, y es una extensión de la vista del rey. Sus ojos y oídos pueden escrutar en los secretos más íntimos de la población subyugada por el clan de los leones, una de tantas castas en las que está dividida la sociedad, de las que no pueden salir. Aquellos que han elegido vivir fuera de esta estructura asfixiante son exiliados, sobreviviendo con los alimentos que nadie se atreve a comer. El mismo Simba tuvo que resistir esa frugal existencia cuando su padre fue asesinado a traición por su propio hermano, justo frente a sus ojos de cachorro, y sus derechos de sucesión fueron violados. Pero ni todas las enseñanzas que recibió sobre la vida sencilla bastaron para borrar de su mente su adoctrinamiento de niño: él había nacido para ser rey. El “espíritu” de su padre en persona se lo dijo. No le quedó más que volver a reclamar su lugar, y matar a su tío. Y como ya dijimos, la filosofía de Timón y Pumba no fue suficiente para abrirle los ojos, y una vez sorteado el único obstáculo que tenía, consuma su “destino” y perpetúa el ciclo de dominación establecido desde tiempo inmemorial, o “ciclo de la vida”, como lo llama esta repugnante obra de propaganda. Lo más horrible es que fue diseñada para los niños. ¿Son estos los ejemplos que queremos darles? ¿Queremos que crean que su existencia carece de sentido si no se apegan a lo que la superestructura de la sociedad les ha deparado? ¿Que un estado de cosas opresivo es justificable sólo porque así ha sido siempre, y por lo tanto así debe de seguir? ¿Que la tiranía es el mejor gobierno? ¿Que el más fuerte, y no el más inteligente o hábil debe dominar, y que debemos aceptar aliarnos seres de esa calaña, déspotas y plutócratas, únicamente por tener algunos privilegios o prestigio? De verdad, compañeros, no me gustaría vivir en Oceanía, pero tal parece que al gran capital le interesa la implantación de gobiernos fascistas en el mundo, y se vale de instrumentos muy poderosos, en este caso el cine. Sabe dónde atacar: las mentes impresionables de los niños (y de la gente con esa edad mental: ¿cómo puede un adulto lamentar la muerte de un rey-dios?) que gustosos aceptan el lavado de cerebro a cambio de satisfacer su curiosidad natural. Los conceptos enmascarados entre musicales e imágenes fastuosas de animales y paisajes quedan allí, en su subconsciente, y son la semilla de lo que en la vida adulta será en lo que crean y confíen. Y no sólo implantan en su psique este tipo de sucedáneos de ideas políticas, sino que aprovechan para dar arquetipos “morales” y actitudes “deseables”. En las próximos días y semanas, si no somos víctimas de la censura o de desaparición forzada, presentaremos argumentos que prueban esta teoría y mostraremos el verdadero rostro de estas piezas que llamamos “entretenimiento”.

Queda de ustedes

Un ciudadano preocupado

h1

Viaje a Frikilandia (II)

Octubre 26, 2007
En este foro de de libre expresión, tenemos hoy el honor de contar con la presencia del prestigiado filósofo Rufus Lepzdermann. Su teoría del neonaturalismo hace una profunda crítica a la civilización humana en general y al capitalismo en particular, en base a un enfoque ultrarracional, llamado por sus practicantes “pesimismo positivo” o “filosofía de las causas”. Esta manera de pensar ha tenido gran aceptación y prestigio en Flaigrod a lo largo de su historia revolucionaria.

Después de oír la experiencia de un buen amigo mío en ese antro de enajenación llamado Expo Cosplay no puedo sino sentir aún más desprecio por este sistema de cosas actual. A pesar de que trata de matizar su jornada del sábado con humor y nostalgia, entiendo perfectamente de lo que se trata todo esto: el lucro a costa de la enajenación. Antes que nada, no quiero decir que el todo el trabajo de los creadores japoneses persiga ese fin. En el mundo del capital es común que los artistas tengan que ceder a ciertas presiones para que su obra pueda exhibirse. De hecho, algunos ni siquiera hacen esto y se dedican a crear sin concesiones, siendo esas obras ejemplos magníficos de un modo de ver el mundo totalmente diferente al del mundo occidental. Empero, la gran mayoría de los productos salidos de esas salas de animación y restiradores son basura mental, y con tristeza soy testigo de la rentabilidad de producirla.

Un “otaku” es básicamente un coleccionista. Dedica la mayor parte de su tiempo libre en adquirir bienes materiales a cualquier costo: desde recuerdos como llaveros o calcomanías hasta costosas figuras o colecciones completas de discos. Su status frente a los demás compañeros de afición se basa en la cantidad de cosas que posea. Si no tiene muchos recursos económicos tratará de entrar al círculo de los que sí adquiriendo un conocimiento exhaustivo en la materia, rayando en lo enciclopédico. Éste lo obtiene bien leyendo sobre el tema, a través de amigos o adquiriendo reproducciones “ilegales”.
El hecho de adquirir prestigio a través de cosas materiales es una constante de las sociedades de consumo, tanto más en este ámbito social, y es deleznable. Además de que el esfuerzo de conocer de memoria los pormenores de una serie famosa que posiblemente haya sido alargada por las presiones de inversionistas no se traduce en un mejoramiento de la persona, y sólo responde a un deseo de no quedarse atrás en la carrera del progreso. Un sentimiento mecánico, por absurdo y contradictorio que parezca.

En el otaku se da un fenómeno que se repite a lo largo y ancho de la civilización: la destrucción del espíritu humano por complacer a una estructura mercantilista. En los primeros tiempos del libre mercado, los comerciantes se conformaban con lucrar con productos. En estos tiempos se comercia con ideas, se intercambian sensaciones y en cualquier esquina se puede adquirir un sucedáneo de “alma”. El mundo organizado se ha encargado de separar a las personas y de quitarles la capacidad de reflexión para inocular en ellas sustitutos artificiales, acordes a sus intereses, y claro, con un precio. Los otakus son diferentes a otras personas sólo en que fueron capaces de encontrar un lugar al cual pertenecer a través de estas creaciones traídas de Oriente. Llenaron parte de su vacío mental (hay que aceptarlo, todos nosotros tenemos una capacidad mental que necesitamos usar, no sólo porque es útil, es nuestra naturaleza) con historias de héroes legendarios, escenarios post-apocalípticos y galimatías tipográficos. Son parte de la misma audiencia pasiva de siempre, aunque algo más “sofisticada” y “exótica”, adjetivos que bien pueden explicar el éxito de esta corriente de consumo. Los casos de enajenación extrema (como los “cosplayers”) que tanto divierten al vulgo que gusta del espectáculo sensacionalista son fáciles de explicar cuando se toma en cuenta de que este estilo de vida es una creación artificial. Evidentemente son resultado de la extrema debilidad psíquica de personas atrapadas sin remedio en esta espiral de capitalismo voraz. Son los desechos de la sociedad basada en el materialismo: la persona convertida en un objeto, el triunfo de la mercadotecnia. Son ejemplos de lo que puede aguardarnos en un futuro: la humanidad como una masa informe de seres solitarios unidos sólo por símbolos y relaciones comerciales, que necesitarán ruidos estridentes o una luz brillante para evitar la muerte cerebral.

“Me disculpo por las últimas líneas”, me dijo Rufus terminó de hablar. Dijo haber pasado una semana demasiado aletargada mentalmente: “Creo que he pasado demasiado tiempo en América”.

“¿Un consejo algo más aterrizado?” pregunté.

“No todo lo bueno del mundo viene de Japón, ni todo lo que viene de Japón es bueno. Nunca comería pez globo, por ejemplo”.

h1

We are Mexico

Junio 26, 2007
Advertencia: si soy muy duro o malinchista, es que no soy pambolero. Sólo soy un nerd amargado.
Y pasó lo que tenía que pasar, y con pena, lo que queríamos que pasara: México perdió. No, no, no, espera; perdimos. Sí, perdimos. Hay que festejar la victoria y reconocer la derrota. Aunque la selección sólo sea el 11 + suplentes + Don Hugo de Sánchez, Marqués del Pedregal, es un ejemplo muy bueno del carácter nacional.

- La mayoría de los mexicanos hemos sido educados en el arte de medrar, o sea, obtener el mayor beneficio con el menor esfuerzo posible:

- Somos personalistas y con una propensión a depender de la acción individual de terceros, todo por el punto anterior. De este no tengo imagen, mas sí testimonio. El comentarista de deportes lo dijo: “México depende mucho de sus figuras” “Cuando salió Borguetti (o como se llame) se descompuso el equipo, se perdió el juego aéreo”, y cosas así.

- Le echamos la culpa a todo de nuestros problemas, como al vecino de que se nos ensucie el patio, o como Hugo de que la cancha estaba en pésimas condiciones y no los dejaron entrenar.

- El nombre lo es todo. TODO. No importa si eres bueno o malo, si tienes renombre y prestigio el éxito se dará por añadidura. Como Iñárritu con Babel, o como México en la CONCACAF. Y como el nombre lo es todo, y tenemos figuras, no necesitamos mejorar, porque así estamos bien.

- Porque el nombre lo es todo, no hace falta trabajar, y otros tienen la culpa de nuestros problemas, éstos se arreglan trayendo a otro. Borrón y cuenta nueva. No hay continuidad (aunque, siendo honestos, no creo que alguien haya querido continuar la “labor” de Lavolpe).

- Pero el mayor problema, lo pongo en negritas: las entrañas. Las malditas entrañas no nos dejan pensar bien. Ese es el mayor problema. Pensamos con las vísceras. Con “el corazón”. Hay veces en lo que es bueno dejarse llevar por el sentimiento, pero no es bueno dejar todo al dictado del azar, la suerte, la inspiración. El sentimiento nos dicta “este es el bueno”, o “no nos jodan, eso es una injusticia, pinches gringos”, o la de la mañana: “Yo ya sabía, méndigos mediocres”. El mexicano es radical, extremista. Todo lo vemos blanco o negro. Un error, y todo es decepción. Un solo triunfo nos infla como peces globo. Corolario: Cualquier error es suficiente para depredar a quien lo cometió, no importando sus triunfos pasados. Porque la mente vive para el futuro, pero el estómago sólo entiende del hoy.

Y ese es el dilema. Somos humanos, todos podemos fallar. Lo malo es que a veces somos demasiado humanos. Para que vean lo demasiado humanos que somos, a continuación van los resultados (sacados de Wikipedia, el profeta de Internet).


Métanselo en la cabeza, soñadores: en el futbol no gana quien se lo merece, sino quien mete más goles.

h1

So you wanna be a mass murder? – Mr. Brownstone

Junio 12, 2007
Tengo una mente muy lenta. Este post, por ejemplo, debió ser escrito en abril, después de lo que pasó en el Virginia Tech, ya saben, lo del coreano que mató a treintaitantos. Es una pena que cosas así ocurran, pero pasan. Pasan mucho. O mejor dicho, pasan mucho allá en el Norte. Algo tiene el Norte que exacerba la violencia. Podría ser que el mass murder sea un producto más del american way of life, un americano extremo:

  • Hablan inglés
Obvio. Aunque no es tan obvio leyendo “Mr. Brownstone”. Parece escrita por un robot

  • Sienten que ellos son demasiado importantes, o los únicos importantes, pero al mismo tiempo, se sienten nada.
La sociedad estadounidense es una competencia. Así es el capitalismo, y como la manera como vives define quién eres y serás, esos son los principios del estadounidense promedio. Si la vida es sueño, los capitalistas estamos en una fantasía bélica digna de Steven Spielberg.

Cho se despidió con veintisiete videos dignos de Al Jazzera. Se tomó fotos, hizo discursos y toda la cosa. Luego le puso tres estampillas al bulto, lo envió a la NBC y se puso a matar gente. En Wikipedia, para cualquiera que lea las notas, están links a las obras de este genio. Una de ellas es “Mr. Brownstone”. Se trata de un trío de adolescentes que van a un casino, y uno de ellos se gana el premio mayor en una máquina tragamonedas, un jackpot de cinco millones de dólares. Se la pasan toda la obra quejándose del mentado Mr Brownstone, un profesor de la fregada que les hace la vida imposible. En el escrito mecanografiado se lee la frase “I want to kill him” un par de veces. El Mr. Brownstone, al ver que estos muchachos están hablando de él, o tal vez por hacer la maldad, dice “de aquí soy” y les roba el premio a los muchachos. Moraleja: por más que te esfuerzes, el destino siempre estará en tu contra, y ellos (el poder, los guapos, tu madre, etc.) siempre ganarán. A menos que mates.

  • Compran cantidades excesivas de cosas innecesarias por necesidades creadas.
En caso de la gente normal, cosas como computadoras Apple, seguros de vida y comida chatarra. En el caso de los freaks, armas. “Guns, lots of guns”. Las pistolas en los USA están en todas partes, mas eso no significa que sean baratas. Alrededor de trescientos dólares. O abre una cuenta de banco (vean Bowling For Columbine, Michael Moore explica esto mejor que yo).

  • Se basan o toman inspiración de los medios de comunicación como la televisión, la música popular, el cine, etc.
Estados Unidos es el hogar de los trekkies, los jedis, los darks, los emos, los wiggers y de la Familia. Su lider, Charles Manson, se deschavetó escuchando compulsivamente Helter Skelter, y todo el White Album de Los Beatles, diciendo que había pistas de una guerra racial en la letra. Los de Columbine entraron a la escuela con gabardinas a lo Matrix. Cho dedica toda una página de “Mr. Brownstone” a la letra de la canción de Guns N’ Roses que se llama igual.

  • Tienen obsesiones, ideas compulsivas o manías, o por lo menos, incapacidad de expresar sus pensamientos y sentimientos.
La mayoría de los mass murders son seres callados, que de repente, un buen día, explotan, como las de Esposas Desesperadas. Sin embargo, entre los que los conocen, hay trazas de sus problemas. Como todo el mundo. Lo que separa a los arranques de ira que todos tenemos a los ataques de ira que ellos tienen es el meollo del asunto. A veces, ante el golpazo mediático que dan estas noticias, nos olvidamos de los que pueden estar en una situación parecida. Una señora que limpia su casa ocho veces al día, usa guantes todo el tiempo, bebe solo agua destilada y no abraza a sus hijos ni a su esposo por miedo a contaminarse o contaminarlos no le hace daño a nadie ¿verdad? No, hasta que se da cuenta que su niña entra con los zapatos enlodados y, aterrorizada, la descuartiza. Ella, seguramente, estaba loca. ¿Lo estaba, o la dejamos ser?

El mundo, hermanos míos, se ha vuelto un lugar frío y amenazador. No es que antes no lo fuera. Lo que da coraje es que tenemos a nuestro alcance todo lo necesario para que sea diferente, y sin embargo, simplemente lo dejamos girar. Pecamos de omisión, hermanos. No se necesita ser religioso para darse cuenta de que hay algo malo en eso.

* * *

Este es el post 50. Increíblemente, este es el post 50. Quería poner una lista de mis discos favoritos pero me gustó más este tema, aparte, lo encontré en mi libreta recién encontrada. Queda para el próximo mi crítica musical.

h1

En la antigüedad…

Mayo 22, 2007
…uno podía creerle a la televisión con los ojos cerrados, tal vez porque era la mass-era, la era de las multitudes. Hoy, que es la era de los individuos, no sólo no es posible, sino que es de buen gusto no hacerlo.

Hace algunos meses, en los anuncios de las campañas políticas, salía AMLO comparado con Hugo Chávez, como una forma de “hacer consciente” al teleauditorio acerca del “peligro” que representaba volver al autoritarismo, cosa que “pasaría” si votábamos por el candidato con amor desaforado. Hoy, en las noticias, ante una revisión a la ley que regula a las emisiones de radio y televisión, se dice que esto llevaría a un retorno al pasado, y nos muestran el ejemplo de Venezuela, otra vez. Me pregunto qué piensan los venezolanos. El “peligro” radica otra vez en volver al autoritarismo del PRI (corte a: tomas de ex – presidentes en esas ceremonias fastuosas de adoración pública al Ejecutivo).

Aquí empiezo a sospechar. ¿Y si el señor S. P. no es el mártir de la libre empresa que Te Ve Olmeca nos retrata? ¿Y qué tal si al Teacher le dicen qué decir, y mientras muestra esa máscara de objetividad inexpresiva nos oculta la verdad? Hace algunos meses hojeé una revista en el Sanborns de la que arranqué la idea de que cuando traen una cosa a cuadro mucho, y por mucho tiempo, la televisora gana algo con ello. Llámenme ingenuo (o por lo menos a mi yo del pasado), pero no era capaz de concebir tal ultraje. Pasé, como casi todas las personas allá afuera, mucho tiempo anestesiado por la TV. Ahora nada más veo los Simpson, pero es más un complemento de la cena que una droga.

Lo malo es que contra los políticos la TV tiene dos armas muy poderosas: el dinero (obvio) y el videotape. El único que puede escapar a ese poder es un político intachable, que nunca haya hecho nada remotamente ambiguo en ninguna forma. Como eso no existe, en cuanto uno quiere hacer una acción en contra de ella, le sacan la investigación, o ya de plano, el cheque (esa gente no usa efectivo). Quien controla la información controla todo, y en este México, las televisoras tienen gran parte de esa “información”. Con su ubicuidad, pueden hacer la ficción realidad y convertir la realidad en una caricatura. Tienen la facultad de decidir qué es importante y qué no. Lógicamente, pueden torcer la vida a su antojo y “obsequiándonosla” en una forma blanda y muy condimentada, donde lo rojo es ROJO y lo dulce es duuuuuulceeeeee, algo que ningún otro medio puede lograr. Yo mismo al estar viendo la nota introductoria del desHechos M. no podía dejar de sentir un sentimiento de aprobación hacia lo que se me ofrecía en esa cápsula de noticias. Mi cerebro reptil se indignaba ante los senadores que aparentaban defender los bienes de la nación cuando en realidad eran unas fichitas, y clamaba justicia. ¿Para quién? Me asombra decirlo, pero juro que digo la verdad y lo pensé por un instante: para TeVe Olmeca. El aparato de relaciones públicas denominado “noticiero” funciona. No digamos que todo lo que nos dicen es mentira, sino que nos muestran lo que es “correcto”. Lo ROJO.

h1

Cosas de nerds – Linux versus Windows (Borrador) (¡!)

Mayo 17, 2007

¿Por qué no tratan de llevarse bien?

En el mundo computacional, como todo en el mundo, hay dos posiciones antagónicas e irreconciliables: los del “free software” y los del “normal software” (esos en realidad no tienen nombre). Como en todo en este mundo, si no estás con uno de ellos, eres su enemigo, y si no estás con ninguno, tratarán de hacer todo lo posible para manipularte (por alguna razón me acordé de aquella película de Cantinflas, la de “Su Excelencia”). Yo no tomo partido por ningún bando, no aún. La cuestión es ésta:

- Los del Free Software, o “linuxeros”, dicen que el software que corre en nuestras compus debe ser libre, es decir, que cualquiera pueda modificarlo y/o distribuirlo a voluntad, no como esos sucios capitalistas de Microsoft que nos tratan como máquinas de compra.

- Los del Normal Software, o “status quo”, dicen que el software debe seguir siendo propiedad intelectual de las empresas y los programadores para mantener la calidad, no como esos ilusos “hippies” que quieren que volvamos a la época del Do It Yourself.

La gran pregunta es ¿quién tiene la razón? Yo no lo sé. Lo que sigue es la opinión personal de un servido basada en su (a veces amarga) experiencia. No me meteré en cuestiones técnicas porque no las conozco, y trataré de que mi

Uno tiene las dos opciones frente a sí, y el hecho de que una computadora, a pesar de que están ya en todas partes, sigue siendo un artifundio mucho muy tecnológico y complejo, y eso que los ingenieros se han partido el lomo los últimos cuarenta años para hacernos la vida más sencilla. Cuando uno tiene ante sí una computadora por primera vez, siente una especie de temor y reverencia casi místicos, y una aprensión terrible a tocarla, no vaya a ser que la descompongamos. Por suerte para nosotros tenemos a Microsoft y a Windows, que nos “solucionan” la vida, al venir preinstalados en la gran mayoría de los equipos. De hecho, sólo he visto dos veces una computadora nueva con otro sistema: en una exhibición de Apple en Monterrey y unas máquinas que llegaron a la escuela con el sistema de allá arriba: Lindows OS.

Donde esté una computadora y un usuario común y corriente, está un producto de Microsoft. En las escuelas nuestras clases de computación comienzan por el escritorio de Windows. Hacemos nuestras tareas en el Office, porque en eso nos enseñamos. Entramos a Google en el Internet Explorer porque es lo que hay. Un minuto. ¿Es “lo que hay” o es “lo que nos dan”? Aquí hay un fenómeno curioso. Resulta que Microsoft no es todo lo que hay. Está Linux, Solaris, hasta las venerables y siempre deseadas Mac. Entonces, ¿por qué no elegimos entre estos sistemas de software? Porque no nos han enseñado más allá del cubil de Windows. Y es fácil quedarse en él sobre todo en esta era de discos piratas que se reparten por todas partes de manera tan fácil que allá en las oficinas de los desarrolladores de software se devanan los sesos buscando formas de que eso no suceda. Eso, sin embargo, va más allá. Pienso que el abrumador éxito de Windows se debe precisamente a que no conocemos más allá de sus fronteras. Mucha gente cuando piensa en “computadora” piensa inmediatamente en “Word”. Probablemente no sepa que exista OpenOffice, que es gratis o Word Perfect, que es de paga pero cuesta mucho menos que un Office original. Eso no importa, porque casi nadie compra un Office. Por lo general viene ya en la máquina o nos lo pasa un amigo. Pero como dijera Nelson Rufino: “es un delito que no tiene víctimas”.

Así que después de informarnos nos aventuramos tímidamente en la galaxia del Free Software. Me gustan sus páginas de Internet. Son muy bonitas e inspiradoras, como un comercial del Avon. La promesa en todas esas páginas es que sus programas son gratis de verdad, no gratis como en un disco con crack, sino gratis de que esto es legal y nadie te reclamará. Hasta te alientan a decirles a tus amigos. Bajas el programa, le picas al instalador, y todo marcha sobre ruedas. De vez en cuando te quedarás con una cara de what ante un comando de nombre diferente, pero que hace lo mismo. O de plano te hartarás porque hay funciones que no entiendes en lo absoluto. Cuando instalé el OpenOffice por vez primera, por más que le busqué, no pude configurar el corrector de ortografía. La segunda vez tampoco. Supongo que me falta aprender. Algunos lo logran y están complacidos con su descubrimiento, mientras que otros simplemente lo abandonan. Nadie los culpa. Los más osados hasta se aventuran a cambiar el sistema operativo, y entran a la otra galaxia que se llama Linux, en la mayoría de los casos.

Linux es muy raro. Se ve bonito (ahora), y funciona bien, pero a veces tienes que hacer cosas que simplemente no sabes hacer, como configurar manualmente. Allí, que Dios te agarre confesado si no tienes Internet. Existe un montón de gente que le sabe al Linux, pero pocos tienen la oportunidad de conocerlos en persona: foros y chats son obligados puntos para buscar ayuda. Si tienes suerte y la encuentras, podrás seguir con tu vida con pocos contratiempos. Quizás las dos cosas más shockeantes del Linux sean que tienes que aprender todo de nuevo y que va a haber veces en los que la misma presión del medio te va a obligar a tener Windows. En algún momento de mi carrera voy a toparme con Visual Basic, y ese ni en sueños lo van a tener en Linux. Tal vez en el futuro me cambie y lo haga todo en Java.

Eso es lo que yo he visto. Es poco, porque no tengo tiempo ya. Aunque lo parezca, no estoy del lado de Linux al 100%, eso por algunas razones:

- Me da flojera tener que aprender, y más aún, enseñar a la gente que usa esta computadora.
- No hay nadie que me ayude en persona, no que yo conozca
- A veces, Linux es muy técnico.
- Y ya.

Tampoco estoy del lado de Microsoft:

- Me siento culpable cada vez que pienso de dónde vino mi copia de Windows.
- A veces, funciona muy mal y no te deja hacer cosas fuera de los menús y ventanas.
- Se aprovechan de su posición para seguir allí (eso fue muy “rojo”. Me disculpo).
- Y ya.

Por lo visto, en esto también soy un indeciso. También me hace falta abundar más (¡!), pero por respeto a su paciencia no lo haré. Mientras tanto, les dejo dos panfletos “hippies”:

De cómo Microsoft nos usa como empleados
De cómo Microsoft nos lava el cerebro

Prometo hacerlo mejor la próxima.

h1

Hoy tengo ganas de ser coherente

Abril 21, 2007
Los hombres hablamos de estupideces, porque no tenemos en cuenta lo que verdaderamente importa. Por eso, cuando se está enamorado, el verdadero hombre se queda callado.

**

El placer mata. Pregúntenle a los muertos del narcotráfico.

**

Los que están contra el aborto, en última instancia, están contra las mujeres. Los que salen en las noticias no quieren quemar legisladores, sino pecadores.

**

Mass murder: el American way of life llevado al extremo.

**

Perdón por la última estupidez que subí. Prometo tomar mis pastillas más seguido, seguido, desigo, segado, deseado… ¿de qué estaba hablando?