Éste debe ser el post más corto de este blog. Corrijo: este SERÁ el post más corto del blog. Mientras, quédense con “Trees”, de Pulp. Un video tan gratuito como esta anotación.

Éste debe ser el post más corto de este blog. Corrijo: este SERÁ el post más corto del blog. Mientras, quédense con “Trees”, de Pulp. Un video tan gratuito como esta anotación.

Recuerdo (sí, todavía puedo recordar) que una vez le dije a alguien que yo no podía racionalizar demasiado las cosas, o me volvería loco. Él se rió, pero yo sabía de lo que hablaba. Al rato iba a empezar a ver a las personas como ese tipo del cuento de Cortázar, que a veces para divertirse sólo se concentraba en una parte del cuerpo, y se la pasaba un día entero conviviendo con manos, ojos o narices. Al rato iba a obtener poderes místicos y podría ver a través de los objetos; bizquearía para lograr apreciar el movimiento de los pistones de un coche o empezaría a decodificar las páginas web que le llegan a mi computadora por el módem y la línea telefónica sólo con un osciloscopio. A lo mejor me dedicaría a clasificar todos los objetos del mundo real de tal manera que hiciera mi tarea de programador más fácil y a la vez llevar a los ojos de los mortales una visión del mundo de las ideas de Platón, justificando una vez más sus puntos de vista. Eso para empezar. O sea, de una persona común me convertiría en un nerd ambicioso.
Pero después de un tiempo las cosas materiales darían todo de sí y luego seguirían los aspectos morales: no podría comer nada animal, por que estos seres, a pesar de no tener habla, tal vez tendrían conciencia, y no se puede aniquilar a un ser consciente así como así: en este universo lleno de caos, sólo un prodigio de la naturaleza podría dar lugar a un conjunto de materia en un estado ordenado (o menos desordenado que el resto) que es la mente. Después me quejaría de la ineficacia de nuestro sistema capitalista, que condena a millones de personas a la pobreza más abyecta a menos que un día, al señor viejo y calvo dueño de una de las megacorporaciones que están a la cabeza de nuestro escalafón socioeconómico se le aparecieran tres fantasmas y súbitamente se diera cuenta de que hay millones de personas en la pobreza más abyecta. Y ni qué decir de los agentes bursátiles que compran dinero en un lugar y lo venden en otro para crear riqueza sustentada en decimales proyectados en un monitor. O de la voracidad de los accionistas que son dueños de miles de títulos de cientos de empresas, esperando a que suban o les den ganancias. O de cómo una compañía que opera en bolsa puede ver destruido su emporio gracias a un chisme que surja en el momento y el lugar adecuado, contado a las personas correctas, las que puedan crear un pánico de alcances sólo limitados por el miedo de los demás accionistas voraces. Entonces me convertiría de un nerd ambicioso en un anarcopunk izquierdista genérico.
Y ya que hablamos del temor, es aquí cuando el raciocinio cruza esa delgada línea que nos separa de la locura: En última instancia, todos los acontecimientos de la humanidad se deben a un empujoncito en el lugar y momento correctos. Entonces, ¿qué sentido tiene lo que yo haga si de todas partes me están empujando? ¿Cuánto campo me queda a mí para decidir, si de todas maneras mi decisión se verá afectada por lo que Carlos Slim desayunó en la mañana, lo que Claudia Gutiérrez de mercadotecnia diseñó para el espectacular que está cerca de la escuela y por esa piedrita que está en la parada del camión y con la que me tropezaré tarde o temprano, haciéndome olvidar la marcha de mis pensamientos y redirigiéndolos en otra dirección? En ese momento lo que haga o deje de hacer deja de tener sentido, al ser sólo el resultado de un entrechocar de corrientes y contracorrientes cuyos orígenes se pierden en la bruma del tiempo; entonces me deprimo un poco. La pequeña influencia que puedo ejercer en mi propio destino se hace todavía más pequeña. Con ello mi sistema inmunológico se hace un poco más débil y me enfermo. Así empieza otra cadena de razonamiento: Mírate, no sólo eres débil, sino también frágil. Un ser de carne, animal confundido expulsado de manera repulsiva de la matriz de todas las cosas. Tienes que comer, dormir, relacionarte, ¿y todo para qué? Para transmitir tus genes a la siguiente generación. Para agitar todavía más el río de la historia. De repente ser un robot toma sentido, y hasta es deseable. Me deprimo un poco más. Empiezo a soñar con el día en el que pueda descargar mi mente a un mainframe. O comer aminoácidos directamente. Con ello pasaría de un anarcopunk izquierdista genérico a un goth ciberpunk intelectual.
Pero todavía se puede caer más bajo, como cuando Philip K. Dick culminó una existencia de escribir novelas sobre lo que es real y lo que no convirtiéndose en el protagonista de una de esas historias. Lo feo es que empezó a recibir mensajes de DIOS y de seres interdimensionales. Y todo por los efectos de una visita al dentista y los efectos de la anestesia. No podía ser de otra forma: los caminos del SEÑOR son misteriosos, pero todos conducen a ÉL. Debe de haber algún orden en medio de este sin sentido, alguna explicación que no pueda comprender, una variable que todavía no haya tomado en cuenta. No, no puede ser. Las cosas no pueden expresarse en términos tan simples. Mi mente, cansada de tanto pensar, de querer descubrir el hilo negro de todas las cosas, se rinde a la primera explicación teológica que encuentre, no importa si viene del Hare Krishna o de ALLAH o de mis propias reflexiones. En todo caso, la versión de religión que adopte estará tergiversada por años y años de darle vueltas a las cosas, y surgirá un dios extraño, nuevo para el mundo, con sus propios mandamientos y motivos. Será diferente a todo lo conocido, y la única actividad en mi agenda de allí en adelante será seguir su doctrina. Seré su sacerdote y su grey, su Mesías y su pueblo escogido. Tal vez salga a los caminos y a las plazas a predicar, o sólo haré voto de silencio y me comunicaré a través de mis miradas y de figuras que haga con papel de estaño. De cualquier manera, habré pasado de goth ciberpunk intelectual a demente con un brillo especial en los ojos: el de aquellos que se han visto cara a cara con la verdad, y al hacerlo con los ojos desnudos han quedado cegados, incapaces de ver cualquier cosa que no sean las quimeras que viven en su psique. A tientas me desplazo por los pasillos de mi casa y las aceras de la calle, tratando de encontrar sentido a las cosas a través de las pistas que aún puedo percibir, y aquellos fragmentos dispersos que todavía poseo de mi vida anterior.
Moraleja 1: No piensen. No duden. No duden ni pregunten. Eso déjenlo a los suicidas.
Moraleja 2: Si no pueden ceñirse a la moraleja 1, tan siquiera tómense las cosas con calma. Y consigan pareja.

El año se acaba en 17 días, e inevitablemente me veo contagiado de la nostalgia propia de la época. Como diría el vogón: “La resistencia es inútil”. La costumbre dice que recapitule el año que termina en una charla con tintes tragicómicos y melodramáticos, seguidos de listas sobre lo que para mi gusto (y por lo tanto, el de la gente con buen gusto y correcto pensamiento) fue lo mejor/peor, para finalizar con una reflexión que a nadie le interesa y la vana promesa de cambiar lo malo y mejorar lo bueno. Eso sí es de rigor, aún si no hiciste todo lo demás y si sólo tu mente oirá lo que dirás. Para mí, hacer un resumen así es imposible por mi mala memoria. Mis vivencias sólo las conservo en forma de sensaciones en el estómago o dolores de cabeza, y muy de vez en cuando a través de relatos coherentes. Olvido los nombres, las fechas y los acontecimientos como si de un sueño se tratara, y diariamente me levanto teniendo el sentimiento de que todo lo que es hoy ha sido siempre y será así por la eternidad. Una vez estaba platicando con un amigo sobre lo que platicamos todos los que estudiamos sistemas: la clase de programación. Fue un shock darnos cuenta que el profe al que tanto temíamos y con el que tanto sufríamos no había estado allí durante años, que no era una fuerza superior al tiempo, sino que solamente habíamos estado con él unos cuantos meses y simplemente no aguantábamos el ritmo. También allí tiene que ver el hecho de que es la clase de programación y es la más demandante, pero sí resulta impactante darse cuenta de que hay una realidad que está más allá de las paredes de la escuela, y que cada día hemos vivido más de lo que nunca habíamos vivido. Eso lo aprendí hace tiempo, y por eso no abundaré más en el tema. Lo que sí aprendí es que no he podido desterrar la visión animal y simplista del mundo, esa de sufrir el pesar del momento como si fuera eterno y jamás terminara, aún cuando sé que así será. En términos comunes, que el estrés es mental, y nada más.
Estos días he estado bajo mucha presión: los trabajos finales, ya saben. Todos los años es así, pero esta temporada ha sido en particular desafiante. El primer proyecto de software extraño que he tenido: un micro – sistema de geografía. No los marearé con cosas técnicas, basta que les diga que a los que por acá nos enseñan mucho a hacer programillas como para negocios, facturas y cosas así, como los que se pueden ver cuando vas a pagar el abono de tu tele o en algún super que tenga una computadora por caja. Nada que ver con éste, en el que tuve que hacer dos juegos simples, y un microatlas. Todo muy simple, muy crudo y muy sin chiste, y en algunas partes hasta susceptible de ser enjuiciado por violación de copyright, pero aún así, nos fue excelente. Luego, otro proyecto de software, más normal, pero de una escala tan grande que se tuvo que repartir entre todo el salón para poderlo terminar. Al día de hoy no sé mi calificación, y por ello no diré más de él, aunque parece que me va a ir regular – bien. Aunque parece que todo llegó a buen término, el cliché “el esfuerzo valió la pena” no me gusta. Lo detesto, lo odio con todo el corazón. No hay esfuerzo que valga la pena: si algo parece difícil, es que no quieres hacerlo. No importa si tienes una idea maravillosa, si te esfuerzas, es que no quieres hacerla. Que te hartó. Digo eso por que si de verdad quieres hacer las cosas, si de verdad te interesas, no hay esfuerzo. Sólo trabajo. Y el trabajo es algo bueno, es enaltecedor, es aplicar lo que sabes e incluso ayudar a alguien más, es necesario. El esfuerzo es algo peligroso para la salud, es agotador, es cansancio y sufrimiento, y por tanto algo malo. Así que diré que en el primer proyecto trabajé y me esforcé. En el segundo sólo me esforcé. El primero fue más como un desafío mental. El segundo como un ejercicio de repetición. Si en el primero me sentí como programador, en el segundo la impresión que tenía era la de un obrero. Pero ambos sacaron lo peor de mí. Todavía me sorprendo de mi actitud en los últimos días (eh, de ayer). Saqué mi lado egoísta: hubo veces en las que pude ayudar a alguien, y no lo hice porque estaba demasiado cansado de “la mediocridad”. Saqué mi lado soberbio: hubo veces en las que ayudé a alguien simplemente por demostrar mi superioridad. Es delgada la línea que separa al altruismo de la vanidad. La crucé en ambas direcciones varias veces, como nunca antes. Y aún después de darme cuenta de que está mal, todavía uso esas anécdotas como tema de conversación. Pero como tengo mala memoria, olvido lo que pensé y hago las cosas, para después recordarlas y pensar de nuevo, para otra vez olvidarlo. Algunos dirán que fue el estrés y el cansancio, mi organismo sintiéndose mal después de varios días de mal dormir, y en horarios nada comunes. Yo soy el que se duerme a las diez, no el que programa a las dos de la mañana. Sobre todo: mi peor capataz es mi propio orgullo nerd.
Al final del día, siempre he sido lo que siempre seré: el histérico que no entiende de demoras ni de incapacidad, que no te esperará jamás y siempre te echará en cara tu error. Soy el maldito sabelotodo, en una palabra. Lo sigo siendo a pesar de que he querido desterrar eso de mí. Y todavía hay gente que cree en el “Sé tu mismo” Preocuparme como yo mismo no es algo que sea sano o deseable. No puedo ser yo mismo cuando el yo mismo es un ser molesto. Soy otro a la hora del trabajo duro y de la responsabilidad. No perdono a nadie su fracaso, ni a mí. Y no hay segunda impresión. A mí no me ganas con el tiempo. No te preocupes, persona imaginaria, que no te odio por ser quien eres. Sólo me parecerás aburrido, poco digno de mi tiempo y por lo tanto, cada vez que tengas que pedirme algo será una tortura para mí no decirte que no. Porque soy el sabelotodo, y nunca, pero nunca perderé la oportunidad de que te quede claro que podrás tener todo el oro del mundo y ser una persona feliz, en este preciso momento eres menos que yo y te lo tengo que hacer saber. Esa es la triste y dura verdad. Nunca les he hablado con ella, y quiero empezar el año de su lado. Aunque como les dije, todo lo que es siempre ha sido y será, y toda promesa de cambiar es vana. Gracias por leer, y espero que después de esto tengan estómago para volver por más.

Al dejar la escuela se deja atrás la falta de orden, que es endémica del sistema educativo mexicano, y que se manifiesta en profes “sorpresa” (porque no sabes si van a ir o no) o el uso de “guías de estudio”. Aparte, no te tienes que preocupar por aprender definiciones palabra por palabra, aunque en los propedéuticos de McConalds te lavan el cerebro pero no importa, porque no tienes que repetirla en un examen, creo. Además, la rutina de trabajo – casa – duermo – trabajo puede ser muy benéfica: las cosas del trabajo se pueden quedar allá y no vienen a casa contigo. Creo que conmigo no aplica porque voy a ser programador, pero para ustedes que van a tener un empleo normal no hay problema. Quizá esta falta de espíritu universitario se deba a que tengo mucho trabajo, a que fui educado y me eduqué para vivir en el frío mundo de los adultos, o a que simplemente me gusta estar encajonado en una rutina, pero por ahora, es mi pensar. A lo mejor en navidad se me quita, o le doy uso al color negro de este blog y empiezo a postear sobre Fall Out Boy y la tristeza infinita… Espero que no. Ya lo hice una vez y todavía tengo secuelas.

Por estos lares, desde hace cuatro años, vienen celebrándose expos de cosplayers, que logran juntar en un solo sitio a toda la otakés de Mazatlán, sobre todo para presenciar la pasarela del cosplay, que son como la crema y nata de la frikada. Fui con la intención de aprovisionarme de fotos y hacer un superpost sobre el absurdo y la enajenación, sobre como esta masa de gente sin nada mejor que hacer va a este tipo de eventos con el fin de aprovisionarse de mercancía y encontrarse con aquellos que comparten el anime – manga como interés y Japón en general como fetiche (solo los clavados), pero, después de pedirle con toda la cortesía del mundo a un cosplayer si me regalaba una foto y que éste no sólo aceptara, sino que pone su mejor pose, me di cuenta que simplemente no podía. Mis amigos me dijeron que era porque estaba allí entre ellos, y en ese momento no podía, pero después (por ejemplo hoy), cuando saliera de ese nido de ñoñéz, le encontraría el WTF al asunto y me inspiraría. Pero es hora de que eso no pasa. El otaku que enterré dentro de mí, que yace roto y desperdigado en mil pedazos, pero sobre todo mi sentido de empatía, me lo impiden. El Pepe Grillo que me habla al oído y me dice que queme las cosas también me aclara que ellos también son personas, personas que disfrutan lo que hacen de una forma que jamás podré comprender, partícipes de un sentimiento de grupo que nunca podré experimentar, tan fuerte que es capaz de hacer sentir raro a alguien completamente normal. Y todavía sigo en shock por lo que me dijo mi tía cuando vio las fotos de todos los disfrazados y maquillados: “Hubieras ido vestido tú también” Si mi tía ve con buenos ojos algo, no debe ser algo tan malo.
Por suerte para ustedes, que buscan reírse un rato con las fotos del Supremo Kaiosama y el cast de Naruto, habrá oportunidad de ello. Bueno, en realidad no, porque prometí a una amiga que no iba a subirlas, y entendí que debía aplicar el mismo criterio para todos. Además, Mazatlán es un lugar pequeño, y aunque es costumbre añeja que solo las mismas tres personas lean mis desvaríos, basta una sola voz que denuncie un ultraje hacia tan sano pasatiempo como para que me sea imposible volver a poner un pie en un lugar público, so pena de ser considerado la escoria de la escoria: un friki troll. El problema es que siento quiero y odio a la vez al anime y por extensión a todo lo que se relacione con él. Siento cariño por aquella parte de mi vida, mas me alegro de no haber caído en el pozo del ser otaku. Este fue el post del cariño. El filósofo flaidgrodiano ultra-reaccionario Rufus Lepzdermann se encargará del odio, y es por eso que dejo el tema por hoy. Si quieren de verdad oír lo que tiene que decir, sólo háganlo saber. Si no, pues no hay problema: El camarada Lepzdermann hará su aparición triunfal en otra ocasión, y les pasaré un link a Flickr con todas las fotos. Por su atención gracias.

En estos momentos estoy escuchando el nuevo disco de Radiohead, “In Rainbows”, que bajé de manera 100% legal al registrarme en la página oficial y pagar lo que quise: 0 libras esterlinas. Eso me deja con un conflicto en mi pequeña cabeza. La premisa era pagar lo que se te diera la gana, casi como diciendo “lo que guste cooperar”, para bajar el disco, no importaba si fuera un peso o doscientos, porque de todas maneras lo ibas a tener. Yo fui muy feliz cuando leí esto, pero obviamente, para hacer una transacción de esa naturaleza necesitas un plástico y cuenta en el banco, o sea, tarjeta de crédito. Al no tener, pues le puse 0 y me salté ese paso, y como lo prometieron, en este momento estoy oyendo el disco. Pero aún sin tener nada que temer, porque poner 0 se valía, me siento culpable, y lo único que va a poder lavarla va a ser comprar el disco cuando llegue en forma física a las tiendas. Si eso era lo que querían hacer, tuvieron éxito. Radiohead es mi 2° grupo favorito, y mi deber como fan es ese. Ahora, ¿por qué mejor no compro uno de los que me faltan para la colección? El disco es bueno, pero no es el mejor del mundo. Suena como si quisieran volver a tocar como un grupo “normal”, pero sin dejar de lado todo lo que han aprendido, y eso lo vuelve agradable, pero yo quiero algo ESPECTACULAR. ¿Qué más quería por un disco “gratis”? Consíganse Bodysnatchers y Jigsaw Falling Into Place.
2.- Cine incómodo
Soy un indeciso, y por eso cuando es momento de aprovechar el martes de a $15 del Blockbuster me tomo mi tiempo para escoger. El otro martes fue ESPECTACULAR, pero me tardé media hora en decidir. Esta vez me tardé menos, y por eso no quedé del todo satisfecho. Me decidí por Borat y La Verdad Incómoda (conocida como la película de Al Gore). Borat está muy chistosa, en especial la parte del rodeo en la que este ser dice apoyar la guerra de Irak y que espera que Bush beba la sangre de cada iraquí. También es una historia sobre un sueño: el de Borat de casarse con miss Pamela Anderson, y en última instancia, de hacer de Kazajstán un mejor país. Y qué mejor ejemplo de cómo vencer al oscurantismo que los EU y A. (“We are christians now!”).
La de la verdad incómoda… bueno, como nerd que soy, estoy siempre dispuesto a ver un documental. Me aburrió un poco por el hecho de que la mayor parte de la película es Al Gore dando su presentación sobre el calentamiento global, y la idea de un político comprometido con una buena causa me resulta incomprensible, pero parecía que creía en sus palabras, y que te hablaba con la verdad. Increíble que no haya ganado la presidencia de los States. Pero lo importante no es eso, sino que allá en Gringolandia un señor en el que los gringos confían les esté hablando de cosas del ambiente y de responsabilidad política, allá donde más contaminan, consumen y se dopan con mil series de televisión. El balance de las dos películas es bueno, pero no ESPECTACULAR. Si se quedan con ganas de más comedias “raras”, busquen a Dr. Strangelove, y si quieren ver más sobre el mundo capitalista que destruye todo lo que se pone a su paso, La Corporación. Por cierto, Al Gore acaba de ganar el premio Nobel de la paz.
3.- Se busca…
Restauración, película de época de 1995, no muy conocida. Si alguien la ha visto en forma física y tangible en algún lugar, favor de dejar un mensaje aquí. Esto con el fin de que mi hermano deje de molestarme con el asunto. Verán, la película es para él, bueno, para su maestra, y parece ser que no hay en DVD. Si alguien la encuentra y quiere hacer un trato con un servidor, tal vez me gane el Orange Box para 360, y él un punto para su calificación. La imagen es la portada de un DVD región uno, así que todavía tengo esperanzas.

Hace algunos meses hice un post sobre las reservas que tenía mi familia acerca del internet. Creí que era una broma, o por lo menos, una de esas leyendas que la gente mayor crea para disuadir comportamientos reprobables, equiparable con los pederastas sobrenaturales o el crecimiento de vello corporal en áreas fisiológicamente imposibles. Pero con la revelación que he recibido hoy, la tela que cubre al engaño se ha rasgado una vez más. Resulta que no sólo las compañías de telecomunicaciones tienen interés en la preservación de PseudoNet, sino la gran empresa energética, que como toda persona informada sabe, es fuente de todo mal. Las cantidades de energía que consume una computadora son considerables. Hecho que hace redituable el movimiento de apoyar el gran fraude de la Red. Los tipos que están toda la noche conectados al eMule, “descargando” contenidos, simplemente están engordando la cuenta de luz de su casa. El interés del sector privado en controlar el suministro eléctrico de este país responde a este hecho. En el futuro, PseudoNet se inmiscuirá en el entramado de la vida cotidiana, afectando las relaciones interpersonales y laborales de la población, así como nuestras actividades cotidianas, todo en pos de un beneficio económico creado por un nicho artificial e inexistente que no soluciona ningún problema real, sino que al contrario, deja a mucha gente indefensa. ¡Abajo PseudoNet!
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Es absurdo, extravagante, visceral, contradictorio y sin fundamento. Y sin embargo, con las palabras correctas y una estructura adecuada, cualquier sofisma igual de estúpida que ésta, o más estúpida, puede parecer verosímil, e incluso convertirse en verdad (o peor aún, dogma). Pregúntenle a Goebbels. Dudo que los lectores habituales de este blog den crédito a estas afirmaciones, pero, ¿qué tal si escribiera un libro, lo tradujera al inglés y lo vendiera en el Gabacho bajo un seudónimo. Bien podría ser el título: “PseudoNet: La realidad del Ciberespacio”, y abajo en letras pequeñas: “Dr. Phillip G. Haussmann”. O simplemente “PseudoNet” en letras plateadas con un enigmático fondo negro. Tal vez vendería algunos cientos de ejemplares antes de ser descubierto por James Randi o la revista Wired. Sería interesante intentarlo, aunque supongo que la traducción sería un problema.
La diferencia entre el escéptico y el desconfiado irracional es que un escéptico no creerá en algo hasta que tenga las suficientes pruebas para hacerlo, mientras que el desconfiado no creerá aunque las tenga, sino que simplemente seguirá en su dicho hasta que su muy personal esquizofrenia le impida razonar de una manera levemente coherente. Un desconfiado ve conspiraciones y engaños donde sea, y sólo confiará en los pedazos de realidad que le parezcan, a veces elegidos de forma aleatoria, o siguiendo un patrón definido. En casos extremos simplemente los creará. A final de cuentas un desconfiado empedernido es fácilmente convertible en un creyente convencido. Todo lo que hay que hacer es encontrar el punto de quiebre correcto. Después será fácil mantenerlo adentro del sistema que queramos imponerle. Es triste, pero la modernidad ha creado este tipo de personaje en cantidades alarmantes. Los dos lados son deprimentes: primero un paranoico, luego un brainwashed.

- La mayoría de los mexicanos hemos sido educados en el arte de medrar, o sea, obtener el mayor beneficio con el menor esfuerzo posible:
- Somos personalistas y con una propensión a depender de la acción individual de terceros, todo por el punto anterior. De este no tengo imagen, mas sí testimonio. El comentarista de deportes lo dijo: “México depende mucho de sus figuras” “Cuando salió Borguetti (o como se llame) se descompuso el equipo, se perdió el juego aéreo”, y cosas así.
- Le echamos la culpa a todo de nuestros problemas, como al vecino de que se nos ensucie el patio, o como Hugo de que la cancha estaba en pésimas condiciones y no los dejaron entrenar.
- El nombre lo es todo. TODO. No importa si eres bueno o malo, si tienes renombre y prestigio el éxito se dará por añadidura. Como Iñárritu con Babel, o como México en la CONCACAF. Y como el nombre lo es todo, y tenemos figuras, no necesitamos mejorar, porque así estamos bien.
- Porque el nombre lo es todo, no hace falta trabajar, y otros tienen la culpa de nuestros problemas, éstos se arreglan trayendo a otro. Borrón y cuenta nueva. No hay continuidad (aunque, siendo honestos, no creo que alguien haya querido continuar la “labor” de Lavolpe).
- Pero el mayor problema, lo pongo en negritas: las entrañas. Las malditas entrañas no nos dejan pensar bien. Ese es el mayor problema. Pensamos con las vísceras. Con “el corazón”. Hay veces en lo que es bueno dejarse llevar por el sentimiento, pero no es bueno dejar todo al dictado del azar, la suerte, la inspiración. El sentimiento nos dicta “este es el bueno”, o “no nos jodan, eso es una injusticia, pinches gringos”, o la de la mañana: “Yo ya sabía, méndigos mediocres”. El mexicano es radical, extremista. Todo lo vemos blanco o negro. Un error, y todo es decepción. Un solo triunfo nos infla como peces globo. Corolario: Cualquier error es suficiente para depredar a quien lo cometió, no importando sus triunfos pasados. Porque la mente vive para el futuro, pero el estómago sólo entiende del hoy.
Y ese es el dilema. Somos humanos, todos podemos fallar. Lo malo es que a veces somos demasiado humanos. Para que vean lo demasiado humanos que somos, a continuación van los resultados (sacados de Wikipedia, el profeta de Internet).

Métanselo en la cabeza, soñadores: en el futbol no gana quien se lo merece, sino quien mete más goles.

Cho se despidió con veintisiete videos dignos de Al Jazzera. Se tomó fotos, hizo discursos y toda la cosa. Luego le puso tres estampillas al bulto, lo envió a la NBC y se puso a matar gente. En Wikipedia, para cualquiera que lea las notas, están links a las obras de este genio. Una de ellas es “Mr. Brownstone”. Se trata de un trío de adolescentes que van a un casino, y uno de ellos se gana el premio mayor en una máquina tragamonedas, un jackpot de cinco millones de dólares. Se la pasan toda la obra quejándose del mentado Mr Brownstone, un profesor de la fregada que les hace la vida imposible. En el escrito mecanografiado se lee la frase “I want to kill him” un par de veces. El Mr. Brownstone, al ver que estos muchachos están hablando de él, o tal vez por hacer la maldad, dice “de aquí soy” y les roba el premio a los muchachos. Moraleja: por más que te esfuerzes, el destino siempre estará en tu contra, y ellos (el poder, los guapos, tu madre, etc.) siempre ganarán. A menos que mates.
El mundo, hermanos míos, se ha vuelto un lugar frío y amenazador. No es que antes no lo fuera. Lo que da coraje es que tenemos a nuestro alcance todo lo necesario para que sea diferente, y sin embargo, simplemente lo dejamos girar. Pecamos de omisión, hermanos. No se necesita ser religioso para darse cuenta de que hay algo malo en eso.
* * *
Este es el post 50. Increíblemente, este es el post 50. Quería poner una lista de mis discos favoritos pero me gustó más este tema, aparte, lo encontré en mi libreta recién encontrada. Queda para el próximo mi crítica musical.

Hace algunos meses, en los anuncios de las campañas políticas, salía AMLO comparado con Hugo Chávez, como una forma de “hacer consciente” al teleauditorio acerca del “peligro” que representaba volver al autoritarismo, cosa que “pasaría” si votábamos por el candidato con amor desaforado. Hoy, en las noticias, ante una revisión a la ley que regula a las emisiones de radio y televisión, se dice que esto llevaría a un retorno al pasado, y nos muestran el ejemplo de Venezuela, otra vez. Me pregunto qué piensan los venezolanos. El “peligro” radica otra vez en volver al autoritarismo del PRI (corte a: tomas de ex – presidentes en esas ceremonias fastuosas de adoración pública al Ejecutivo).
Aquí empiezo a sospechar. ¿Y si el señor S. P. no es el mártir de la libre empresa que Te Ve Olmeca nos retrata? ¿Y qué tal si al Teacher le dicen qué decir, y mientras muestra esa máscara de objetividad inexpresiva nos oculta la verdad? Hace algunos meses hojeé una revista en el Sanborns de la que arranqué la idea de que cuando traen una cosa a cuadro mucho, y por mucho tiempo, la televisora gana algo con ello. Llámenme ingenuo (o por lo menos a mi yo del pasado), pero no era capaz de concebir tal ultraje. Pasé, como casi todas las personas allá afuera, mucho tiempo anestesiado por la TV. Ahora nada más veo los Simpson, pero es más un complemento de la cena que una droga.
Lo malo es que contra los políticos la TV tiene dos armas muy poderosas: el dinero (obvio) y el videotape. El único que puede escapar a ese poder es un político intachable, que nunca haya hecho nada remotamente ambiguo en ninguna forma. Como eso no existe, en cuanto uno quiere hacer una acción en contra de ella, le sacan la investigación, o ya de plano, el cheque (esa gente no usa efectivo). Quien controla la información controla todo, y en este México, las televisoras tienen gran parte de esa “información”. Con su ubicuidad, pueden hacer la ficción realidad y convertir la realidad en una caricatura. Tienen la facultad de decidir qué es importante y qué no. Lógicamente, pueden torcer la vida a su antojo y “obsequiándonosla” en una forma blanda y muy condimentada, donde lo rojo es ROJO y lo dulce es duuuuuulceeeeee, algo que ningún otro medio puede lograr. Yo mismo al estar viendo la nota introductoria del desHechos M. no podía dejar de sentir un sentimiento de aprobación hacia lo que se me ofrecía en esa cápsula de noticias. Mi cerebro reptil se indignaba ante los senadores que aparentaban defender los bienes de la nación cuando en realidad eran unas fichitas, y clamaba justicia. ¿Para quién? Me asombra decirlo, pero juro que digo la verdad y lo pensé por un instante: para TeVe Olmeca. El aparato de relaciones públicas denominado “noticiero” funciona. No digamos que todo lo que nos dicen es mentira, sino que nos muestran lo que es “correcto”. Lo ROJO.